|
Leyenda
de Puente del Inca: Inti, el Sol,
era el dios del imperio incaico y el Inca
su descendiente directo. Su autoridad
era mayor que la de un rey ya que se lo
consideraba hijo del Sol y su misión
era reinar y proteger a su pueblo.
Una vez hubo un Inca sumamente generoso;
amaba a su gente deseando para todos un
imperio rico y soberano. Se preocupaba
por igual de los problemas de la vida
diaria como de salir a recorrer su territorio
de un extremo a otro, tratando de conquistar
nuevas tierras. Continuando la tradición
de sus antepasados jamás invadía
un territorio a la fuerza. Primero invitaba
a los pobladores a formar parte de sus
dominios; en cambio ofrecía enseñarles
a sembrar y aseguraba que nunca les faltaría
tierra ni comida. De esta manera casi
nunca era necesario luchar.
Un día el Inca cayó gravemente
enfermo. Ni los sacerdotes, ni los hechiceros
pudieron descubrir de qué mal se
trataba; el hijo de Inti se agravaba cada
vez más y todos temieron por su
vida. Hasta que una tarde, los chasquis
que corrían velozmente de una posta
a otra, transmitiendo las noticias de
pueblo en pueblo, avisaron a los servidores
del Inca, que en el sur existía
el remedio que podría curarlo.
Inmediatamente comenzaron los preparativos
para la travesía a lo largo de
la cordillera y cuando todo estuvo listo,
partieron desde Cuzco, capital del Imperio,
en busca del tan preciado remedio.
Una de las cosas que más enorgullecía
a los incas, eran los caminos de piedras
que se extendían en todo su territorio.
Por ellos anduvieron atravesando valles
y montañas; cuando llegaba la noche,
acampaban alrededor de las, posadas que
se levantaban a los lados del camino.
Dentro de la posada descansaba el Inca
para reponer sus fuerzas.
No se desalentaron en ningún momento
a pesar de la dura y larga travesía;
una esperanza mucho más fuerte
que todo eso, los alentaba e incitaba
a seguir adelante. Querían mucho
a su monarca y deseaban fervientemente
que recuperara la salud lo antes posible.
Continuaron la marcha por muchos días
hasta que por fin, encontraron el nacimiento
de un río que corría paralelo
al camino y siguieron en esa dirección.
Las aguas bajaban torrencialmente levantando
nubes de finísimas gotas al estrellarse
contra las rocas y el ruido de la turbulenta
corriente quebraba el silencio de la imponente
cordillera. Los peregrinos siguieron su
camino hasta llegar a un punto donde el
río cambió su curso en una
pronunciada curva al este, cerrándoles
el paso. Ahí su caudal era mucho
más profundo y su torrente hacía
imposible el cruce a la otra orilla.
Hicieron un alto y acamparon decididos
a buscar un lugar por dónde poder
pasar. Fue así que formaron grupos
dirigidos por un guía y se turnaron;
mientras unos descansaban otros recorrían
la zona tratando de encontrar el paso.
Desgraciadamente no tuvieron suerte y
los grupos volvían cada vez más
desalentados de sus expediciones, hasta
que por fin se dieron por vencidos.
Entonces formaron un consejo para decidir
qué se haría y después
de muchas discusiones y cambios de ideas,
llegaron a la triste conclusión
de que debían volver. Abatidos,
pensaron que su monarca agotado por el
viaje no podría resistir el regreso
y era probable que no volviera a ver a
su querido Cuzco.
Se dispusieron a pasar la noche en ese
lugar, para iniciar al otro día
el retorno. Rodearon al Inca tratando
de estar más juntos y unidos que
nunca, como para darse entre sí,
el valor y la fuerza que necesitaban para
volver y como para protegerse de esa gran
pena que los estaba invadiendo momento
a momento.
Mientras tanto Inti el Sol, que ya se
estaba por ocultar en el horizonte, vio
lo que estaba ocurriendo. La hazaña
que los incas habían sido capaces
de realizar por amor a su monarca, no
escapó a la vista del dios y quiso
premiar el fervor de este grupo abnegado
de súbditos. Entonces consultó
con Mama Quilla, la luna, y entre los
dos decidieron ayudarlos inmediatamente.
Al amanecer del día siguiente,
los incas, entre dormidos y despiertos,
vieron azorados frente a ellos, un ancho
puente tendido que les señalaba
el camino. Los dioses lo habían
construido para que pudieran pasar. Llenos
de alegría reanudaron la marcha
con nuevas esperanzas.
Tuvieron mucho que andar todavía
y el Inca se agravaba más y más,
ya ni siquiera abría los ojos para
observar a su gente como lo hacía
antes; ninguna palabra volvió a
salir de su boca y dormitaba permanentemente.
Obligados a hacer muchos altos en el camino
porque se fatigaba con facilidad, la marcha
se hizo más lenta y penosa, pero
no desfallecieron en ningún momento.
Por fin llegaron al lugar indicado; de
inmediato se distribuyeron las tareas,
mientras unos buscaban las hierbas medicinales,
otros construyeron una gran tienda para
alojar a su monarca e instalar todo lo
necesario para su curación.
No fue en vano todo el extraordinario
esfuerzo que dedicaron al Inca; en poco
tiempo empezó a mejorar visiblemente
para alegría de todos. Felices
emprendieron el regreso entre cantos y
oraciones de gracias a sus dioses. Los
chasquis corrieron velozmente delante
de ellos llevando la buena nueva. Todo
el pueblo los esperó ansioso y
preparó grandes fiestas en su honor.
Los templos se vieron resplandecientes,
ya listos para ceremonias y ritos de gracias.
El Inca entró en la capital totalmente
repuesto; su pueblo lo saludó con
cariño y lo acompañó
hasta su morada. Poco tiempo después
el hijo de Inti volvió a reinar
en el Imperio.
Desde entonces al noroeste de la provincia
de Mendoza, donde pasa el río Las
Cuevas, el mismo que interrumpiera el
paso de los peregrinos, se levanta el
Puente del Inca uniendo las dos orillas
y bajo su arco siguen pasando torrencialmente
las aguas del río. Volver
Leyenda
de la Laguna de la Niña Encantada:
La bella laguna de Malargüe ha sido
una inagotable fuente de inspiración
para la imaginación popular de
la zona. Se aconseja visitar el lugar
conociendo o narrando estas historias
que le darán un toque misterioso
e inolvidable al paseo.
Una leyenda dice que había una
hermosísima princesa india llamada
Elcha (en lengua aborigen significa Espejo),
reconocida en su tribu por su belleza.
Esa tribu estaba enfrentada a otra por
la cual la bruja tenía simpatía.
Elcha había crecido con un compañero
que no era de la nobleza pero a medida
que pasaba el tiempo nació entre
ellos un sólido amor. Enterada
de ello, la bruja de la tribu convenció
al padre de detener la actitud de enfrentamiento
entre las tribus mediante el casamiento
de los príncipes.
La princesa Elcha fue informada la noche
anterior Desesperada se lo comunicó
a su amado y escaparon velozmente hacia
el norte. Minutos más tarde enterados
de la huida, ambas tribus partieron en
persecución al mando de la bruja.
En un momento los jóvenes entendieron
que habían extraviado el camino
y siguieron hasta que los detuvo un abrupto
corte de la superficie que terminaba en
la laguna. Miraron hacia atrás
y la luz de los relámpagos iluminó
a sus perseguidores, que estaban muy cerca.
Elcha y el joven no lo pensaron y decidieron
arrojarse al agua. La primera en llegar
y asomarse a la laguna fue la bruja, en
el instante en que lo hizo, un poderoso
rayo se descargo sobre ella dejándola
petrificada. El resto de los perseguidores
también se acercaron temerosos
y vieron reflejada en la superficie, cual
espejo la imagen de Elcha. Desde entonces
hasta hoy, tanto la bruja petrificada
como la imagen de Elcha se pueden distinguir
y es por eso que los lugareños
bautizaron así la laguna.
Existe otra versión de la leyenda.
Trata de dos tribus cuyos caciques eran
enemigos. La hija de uno de los jefes
se enamoró de un indio de la otra
tribu, por lo que ambos fueron separados.
Al ver su amor frustrado, la india lloraba
desconsoladamente en la laguna hasta que
se convirtió en piedra.
También se cuenta otra historia
relacionada con sirenas. Dicen que al
aproximarse a la laguna se oía
el canto de mujeres rubias que estaban
encantadas. Ellas eran mitad mujer, mitad
pez. Estas sirenas, al escuchar los más
leves sonidos de personas, se arrojaban
al agua y desaparecían. Pero a
una de estas criaturas, muy linda y orgullosa,
Dios la castigó convirtiéndola
en piedra, a orilla de la laguna.
Además, hay una narración
de origen criollo. Se solía contar
que a este espejo de agua se lo denominaba
“Laguna de las siete apuestas”
ya que un chileno pícaro y jugador
vendió su alma al diablo, por siete
bolsitas con pepitas de oro. El pacto
debía efectuarse de noche, a orillas
de la laguna, por lo que reunidos allí
el diablo y el chileno, convinieron realizar
siete apuestas. Las seis primeras las
ganó el chileno, porque así
lo quiso el diablo. Pero la séptima,
en la que se jugaba el alma, el cuerpo
y el oro, el chileno astuto hizo que el
demonio se distrajera y mientras miraba
el agua de la laguna, extrajo una daga.
Invocando el nombre de Jesús le
enseño la cruz de la empuñadura
y como por encanto, el diablo desapareció.
El sagaz hombre se quedó con todo.Volver
La
Ciudad de los Césares: Esta
Ciudad es una ciudad encantada en la cordillera
de los Andes, a la orilla de un lago.
El día de Viernes Santo se puede
ver, desde lejos, como brillan las cúpulas
de sus torres y los techos de sus casas,
que son de oro y plata macizos..."
Esta leyenda surgió en el siglo
XVI, durante la conquista española,
y describía un paradisíaco
paraje donde se asentaba una ciudad fantástica,
repleta de metales preciosos. Sus habitantes
poseían grandes riquezas, y las
tierras regidas por esta ciudad eran excelentes
para la explotación agrícola
y ganadera. La también llamada
Ciudad errante era una ciudad de plana
cuadrada, de piedra labrada y edificios
techados con tejas que refulgían
bajo el sol. Sus templos , e incluso el
pavimento eran de oro macizo. Algunas
versiones la ubicaban en un claro del
bosque, otras en una península,
y algunas incluso dicen que estaba en
el medio de un gran lago y contaba con
un puente levadizo como único acceso.
Abundaban en ella el oro y la plata, de
la cual estaban forradas las paredes.
Con estos metales también se hacían
asientos, cuchillos y rejas de arado.
Tenía campanas y artillería,
las cuales se escuchaban de lejos. Algunos
dicen que al lado de ella hay dos cerros,
uno de diamante y el otro de oro. Los
historiadores ven en esta leyenda un intento
de la corona española por impulsar
la colonización de las tierras
del sur de América, que si bien
eran importantes en términos estratégicos,
eran muy peligrosas y no resultaban tan
atractivas a los ojos de los conquistadores
como los territorios del Perú.
La Ciudad de los Césares llegó
a convertirse en un verdadero mito de
la conquista, al igual que El Dorado o
la leyenda de las Amazonas. Existen numerosas
descripciones de este lugar, y no faltaban
los testigos que declaraban bajo juramento
las maravillas que de ella habían
presenciado. En una antigua crónica
española se puede leer lo siguiente:
"Tenía murallas con fosos,
revellines y una sola entrada protegida
por un puente levadizo y artillería.
Sus edificios eran suntuosos, casi todos
de piedra labrada, y bien techados al
modo de España. Nada igualaba la
magnificencia de sus templos, cubiertos
de plata maciza, y de ese mismo metal
eran las ollas, cuchillos, y hasta las
rejas de arado. Para formarse una idea
de sus riquezas, basta saber que los habitantes
se sentaban en sus casas en asientos de
oro. Eran blancos, rubios, con ojos azules
y barba cerrada. Hablaban un idioma ininteligible
a los Españoles y a los Indios;
pero las marcas de que se servían
para herrar su ganado eran como las de
España, sus rodeos considerables".
Los nombres que recibió esta comarca
son variados: "Ciudad Encantada",
"En-Lil", "Lin Lin",
"lo de César"' o "Los
Césares". "La Ciudad
de los Césares" fue el que
prevaleció, Como diversa es también
la posible ubicación de ésta
ciudad ya que muchas versiones indican
que se encontraría en la Patagonia
como así mismo lugareños
de Malargue sostienen haberla visto en
los atardeceres. Volver
Leyenda
del Pozo de las Ánimas: El
pozo de las Ánimas está
rodeado por serranías donde, al
golpear, el viento produce una especie
de silbido que da origen a distintas leyendas
transmitidas por los viejos pobladores,
con toda su carga de misterio y superstición.
El pozo era denominado por los indios
Trolope-Co (agua de los muertos o agua
del gritadero de las ánimas), y
la tradición cuenta que es el lugar
donde van a rezar y llorar las almas que
andan en pena por las montañas.
Como era común entre los pueblos
que habitaban de uno y otro lado de la
Cordillera de los Andes, se había
producido una diferencia en las relaciones
y un grupo del lado chileno, gente de
costumbres aguerridas, estaban persiguiendo
a un reducido número de pobladores
de la zona de los Molles. La noche fue
extendiendo su manto y ya en plena oscuridad
los perseguidos advirtieron que no se
oían mas los gritos de sus enemigos,
luego de tomar recaudos, por si se trataba
de una treta de sus rivales, retornaron
hasta sus moradas, dando algunos rodeos.
Al día siguiente, con las primeras
luces, volvieron al lugar hasta donde
había finalizado la persecución
y retomaron sobre sus pasos del día
anterior, a poco de andar comenzaron a
oír algunos sonidos de lamentos
que les llamó la atención.
Con cautela continuaron avanzando y con
gran sorpresa se encontraron con dos enormes
pozos que se habían hundido bajo
los pies de sus perseguidores, en el fondo
se encontraba los cuerpos comenzaron a
oír algunos sonidos de lamentos
que les llamó la atención.
Con cautela continuaron avanzando y con
gran sorpresa se encontraron con dos enormes
pozos que se habían hundido bajo
los pies de sus perseguidores, en el fondo
se encontraba los cuerpos moribundos de
sus enemigos y los gemidos que surgían
de las profundidades asustaron a los observadores,
quienes desde ese momento veneraron la
formación que los había
salvado dándole el nombre de "lugar
en que lloran las ánimas".
Esta formación geológica,
técnicamente denominado "Dolina",
es originada por la transformación
de los depósitos subterráneos
de yeso que, por efecto de las filtraciones
y napas freáticas forman enormes
cavernas debajo de la superficie. Con
el tiempo los terrenos se van hundiendo
lentamente, originando un constante crecimiento
de los característicos conos. Volver
El
Cañón del Atuel:
En el sur de la actual provincia de Mendoza
vivía la tribu del cacique Talú.
El padre de Talú murió cuando
este era aún muy joven, pero a
pesar de su corta edad supo asumir su
rol y gobernar a su pueblo con sabiduría.
La vida de la tribu era pacífica
y feliz, pero una gran sequía comenzó
a azotar la región. Los ancianos
y los niños más pequeños
fueron los más afectados por la
falta de agua, y pronto se dieron las
primeras muertes. Sin dudar un instante,
Talú reunió a sus hombres
y partió con ellos en busca de
agua para su pueblo.
En varias ocasiones recorrieron territorios
por los que nunca antes habían
transitado, pero sólo encontraron
tierra reseca y cuarteada por el sol abrasador.
Durante una de estas expediciones Talú
conoció a una bella muchacha que
vivía sola en un valle. El joven
cacique habló con ella y decidió
llevarla a vivir con su pueblo, al que
ella no tardó en integrarse. Un
profundo cariño nació entre
ambos, y ella le confesó que su
nombre era Clara, era huérfana,
y había vivido sola en el valle
durante años. Luego de varios meses
decidieron casarse, y poco tiempo después
nacía un bello niño al que
llamaron Atuel.
Pese a la profunda alegría que
les provocaba el nacimiento de Atuel,
los miembros de la tribu no festejaron
porque la prolongada sequía ya
se había cobrado la vida de numerosos
niños y ancianos. Los hombres blancos
no tardaron en enterarse de la desesperante
situación, y decidieron atacar
para tomar control de los territorios.
Los combates fueron feroces, pero los
debilitados indios finalmente fueron vencidos,
y todos los hombres de la tribu, incluido
Talú, fueron asesinados. En medio
de la confusión, Clara pudo esconderse
con su hijo recién nacido, y cuando
los hombres blancos finalmente abandonaron
el lugar, sólo dejaron viudas,
huérfanos y algunos hombres agonizantes.
Clara tomó entre sus brazos al
pequeño Atuel y se encaminó
hacia las altas montañas, allí
donde cae el sol. Ascendió hasta
una de las cumbres y rogó a los
dioses que enviasen agua para que los
sobrevivientes de la tribu pudiesen salvarse.
Pasaba el tiempo y nada ocurría,
así que Clara decidió ofrendar
su vida y la de su hijo a los dioses.
Al momento de morir, cada uno dejó
caer una lágrima, y de ellas brotó
un caudaloso río que se abrió
paso por la tierra reseca hasta llegar
a la aldea.
Las mujeres dieron de beber a los niños
y, luego de mucho tiempo, volvieron a
oírse risas en la aldea. Las más
ancianas buscaron a Clara y su hijo, pero
al no encontrarlos comprendieron que ellos
eran los causante s de aquel milagro.
El río trajo nuevamente la vida
al lugar, y por las noches su corriente
arrullaba a la aldea con un sonido especial,
parecido al llanto de un niño.
Todos comprendieron que esas aguas conservaban
el espíritu de Atuel, y así
decidieron dar al río el nombre
del pequeño heredero. Volver
Leyenda
del Aconcagua: El Aconcagua, para
el primitivo habitante era el dueño
y señor de todas las causas y de
los secretos biológicos. Vivían
en la zona una raza de gigantes muy ambiciosos.
En una época en donde todos tenían
sed y triunfaba la arena y la piedra los
gigantes concibieron la idea de robarle
al viejo titán un granito de su
más preciado tesoro: el agua.
A espaldas del dios de las cumbres, el
pueblo de gigantes, escaló sus
laderas y liberó las aguas hacia
las planicies. Cuando el Aconcagua despertó
brillaba a sus pies, en la luz rosada
del amanecer, mil arroyos de plata.
El colosos, furioso, hizo reventar el
receptáculo entero de su caudal
el cual, con espantoso rugido, se derrumbó
abnegando los valles y llamadas.
El tiempo pasó y las corrientes
de agua se encauzaron. Las tierras se
fertilizaron pero el Aconcagua guarda
aún su rencor y decide vengarse
períodicamente lanzando de sus
laderasturviones que bajan a devastar
sembrados y caserios a través del
río de los Patos Potu en huarpe.
(leyenda huarpe) Volver
Isidris:
Se encuentra situado a 32º 47' Latitud
Sur y 69º 02' Longitud Oeste. Se
le denomina la "Piedra de Isidris",
y está enclavada en el cañadón
llamado "Quebrada del Durazno"en
una zona aledaña al Cerro Arco.
La zona fue por mucho tiempo estudiada
por YPF ya que se detectó en la
misma un importante vacuoide natural a
unos treinta kilómetros de profundidad..
(ver mapa satelital de la ubicación
de Isidris) Se dice que en la zona, los
acampantes nocturnos pueden ver muy a
menudo, fenómenos extraordinarios,
como luces zigzagueantes, y algunos se
han atrevido a hablar sobre encuentro
con entidades remanentes "kósmicas
siderales" (ERKS). A raíz
de la divulgación de éstos
fenómenos, poco comprobable, han
surgido varias versiones sobre el enimgmático
lugar. La más popular de ellas
es que Isidris es el nombre de una ciudad
intraterrena que ahora se ha revelado
al mundo en forma masiva. Sostienen que
muchos habitantes del planeta ya han recibido
bastante información sobre ella,
su ubicación exacta, extensión,
etc.. Muy pocas conocían su nombre
original, la llamaban genéricamente
por su belleza y esplendor con el seudónimo
de "Ciudad Dorada".
Grupos seguidores de la filosofia New
Age como Red Argentina de Luz (RAL) o
Red Iberoamericana de Luz (RIL) sostienen
que el nombre de Isidris posee características
"especiales":Cada una de ellas
encarna una gran Entidad cósmica.
Siete letras que encarnan siete rayos.
Los siete rayos se dividen en tres de
Aspecto y cuatro de Atributo. Rayo de
Voluntad o Poder; Rayo de Amor-Sabiduría;
Rayo de Actividad o daptabilidad e Inteligencia
activa;. Rayo de Armonía, Belleza,
Arte o Exactitud; Rayo de Conocimiento
Concreto o Ciencia.; Rayo de Idealismo
Abstracto o Devoción; Rayo de Magia
Ceremonial
Isidris es considerado un megaportal
de luz eterea (Alkahest). Los Portales,
son especies de cilindros de energía
de "luz-informacion" que logran
conexiones multidimensionales, y son co-creados
entre los humanos y las "Jerarquías
estelares de luz".
Se dice que Isidris abre su megaportal
cada cierto tiempo, la última vez
fue en setiembre del 2002, los próximos
serían durante los años
2.004, 2.007 y 2.012. Isidris fue revelado
el 27 de febrero de 1987, los seguidores
de ésta corriente asegura que no
es desde esa fecha que Isisdris está
revelada sino desde muchos años
antes ya estaban preparando la zona "Seres
Superiores" para ese momento.
Según "Kervher" un "Ser
de Luz", cuyo verdadero nombre es
Verónica R. Lizana, y vive en el
departamento de Las Heras del Gran Mendoza,
"ésta ciudad alberga no solamente
a seres extraterrestres de la Confederación
sino a aquellos humanos del Planeta que
por su evolución han logrado la
Llave de Acceso que les permitió
poder habitarla".
Kervher sostiene que está contactada
por un Ser llamado "Nhemmok",
Comandante que pertenece a la Confraternidad
Intergaláctica, y que éste
ser le ha revelado la ciudad. El ingresos
a la ciudad pueden ser por motivos de
"Visitas", por algún
tipo de aprendizaje o por curaciones.
Ella afirma que Isidris, está custodiado
por dos querubines que la protegen y el
nombre de "Ciudad Dorada" es
en referencia a su belleza y esplendor.
La Tonalidad dorada deviene de la construcción
de los techos de su edificación,
ya que los mismos son de oro, formando
con elllos una cúpula intensamente
luminosa. Esta cúpula tiene dos
funciones: la de protección y la
de conservar y mantener el microclima
a una temperatura de veintidos grados
permanente
La edificación cuenta con un santuario,
que es la edificación más
relevante de toda la ciudad junto con
el Centro aéreo espacial para las
entradas y salidas de las naves intergalácticas.
También hay manantiales de agua
termales diamantinas y gigantescos laboratorios
y consultorios para curaciones energéticas.
(del libro de Verónica Lizana "Kervher"):.
A parte de Kervher existen otros "seres
de Luz" que sostienen éstas
torías, ellos afirman que "Comandante
Adoniesis" (Adoniesis es el nombre
que corresponde a Adonai, supesto ser
extraterrestre, mensajero del cielo, que
estaría comunicado frecuentemente
con algunos seres de luz terrestre, "Canalizado"
por Ramathis-Mam y Sheila), ha afirmado
en su mensaje 4.4.4. que hay que establecerse
en las inmediaciones de Isidris durante
los próximos años. Volver
Leyenda
de Cacheuta: Un chasqui llegó,
a las tierras de cacheuta, el poderoso
cacique suyos dominios comprendían
el valle de Mendoza y los alrededores.
Ante el gran curaca, el emisario refirió
los acontecimientos ocurridos: la pérdida
de la libertad de Atahualpa, el gran señor
inca, descendiente del lnti, que, hecho
prisionero esperaba ansioso el día
de su liberación.
Explicó al asombrado cacique la
razón de su envío: llegaba
a pedir su colaboración en el rescate
del soberano prisionero. La fidelidad
de Cacheuta no escatimó esfuerzos
para cumplir con el mayor caudal a la
salvación del señor de todos
los quechuas. Convocó a sus vasallos,
les exigió su cooperación
y muy poco tiempo después un hato
de llamas cargadas con petacas de cuero
repletas de objetos de oro y plata estaban
listas para emprender el viaje hacia el
norte.
El mismo cacique, al frente de un grupo
de fieles vasallos, entre los que se contaban
altos jefes guerreros, seria el encargado
de comunicarlas. Partió la expedición.
Las llamas, con sus pasitos menudos, acompañados
del movimiento del cuello y la cabeza,
marchaban llevando en el lomo la valiosa
carga que iba a servir para dar libertad
al soberano de los quechuas.
Llegaron a las primeras estribaciones
del macizo andino. Se internaron por los
angostos vericuetos de la montaña
y marcharon sin descanso en su afán
de llegar cuanto antes a destino. Cerca
de un recodo de la montaña distinguieron,
a lo lejos, un grupo de gente armada que
de inmediato reconocieron como enemigos.
Previendo una traición, los indígenas
se pusieron en guardia, y como primera
medida decidieron esconder la valiosa
carga en el más seguro lugar de
la montaña. Grandes conocedores
del terreno, nada les fue más fácil
y muy pronto su tarea quedó terminada.
Los adversarios, al notar que habían
hecho un alto en el camino y les era imposible
detenerlos al pasar donde se hallaban
apostados, decidieron salirles al encuentro.
Llegaron cuando Cacheuta y sus vasallos
se aprestaban a hacer frente al ataque.
El choque fue sangriento. Silbaban las
flechas indígenas, haciendo víctima
en uno y otro bando.
La lucha fue desigual, pero encarnizada.
Los indígenas, que supieron defenderse
con valor, finalmente cayeron vencidos.
Los contrarios, ya dueños de la
situación, se lanzaron en busca
de su objetivo, para lo cual trataron
de arrancar su secreto a la montaña.
Al llegar el lugar donde fue depositado
el tesoro y cuando ya se creían
dueños de él, chorros de
agua hirviendo surgieron de entre las
piedras, envolviéndolos. Hallaron
la muerte allí donde fueron a buscar
riquezas.
Fue, según la leyenda, el espíritu
de Cacheuta quien hizo brotar el agua
que terminó con los que no le permitieron
llegar a destino y cumplir la misión
que como súbditos fieles se habían
impuesto.
Desde entonces esas aguas, originada en
un sólo principio de solidaridad
humana, llevan en si toda la bondad propia
de tan alto propósito y se brindan
a los que acuden a ellas en busca de alivio
para sus males. Volver
Cerro
Tunduqueral: Conocido también
como "Apus Tundunqueral", Se
encuentra ubicado a siete kilómetros
del paraje de Uspallata, para un grupo
de aborígenes incaicos fue un lugar
sagrado, donde en noches de luna llena
las mujeres se reunían para celebrar
rituales femeninos. Esta actividad quedó
plasmada en pinturas rupestres o petroglifos
y se encuentran en el más sureño
de tres picos piramidales que se alinean
en un eje norte-sur. En este lugar se
puede encontrar una variedad de Jarilla
no común en otros sitios de la
región ya que sus hojas se orientan
siempre de norte-sur y con la cara de
las hojas mirando al este. Éste
sector ahora está protegido por
el Cricyt, la Municipalidad de Las Heras
y la Dirección de Patrimonio de
la provincia. El guía del lugar,
un bombero voluntario llamado Víctor,
cuenta que los indios hurpes llegaban
hasta allí para cargarse de energía,
(esta versión puede no ser tan
cierta ya que los huarpes jamás
habitaron por éstos parajes). Volver |