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Leyendas Cuyanas
Puente del Inca Ciudad de los Cesares Laguna Niña encantada Pozo de las Ánimas Tunduqueral Cacheuta Aconcagua isidris

Leyenda de Puente del Inca: Inti, el Sol, era el dios del imperio incaico y el Inca su descendiente directo. Su autoridad era mayor que la de un rey ya que se lo consideraba hijo del Sol y su misión era reinar y proteger a su pueblo.

Una vez hubo un Inca sumamente generoso; amaba a su gente deseando para todos un imperio rico y soberano. Se preocupaba por igual de los problemas de la vida diaria como de salir a recorrer su territorio de un extremo a otro, tratando de conquistar nuevas tierras. Continuando la tradición de sus antepasados jamás invadía un territorio a la fuerza. Primero invitaba a los pobladores a formar parte de sus dominios; en cambio ofrecía enseñarles a sembrar y aseguraba que nunca les faltaría tierra ni comida. De esta manera casi nunca era necesario luchar.

Un día el Inca cayó gravemente enfermo. Ni los sacerdotes, ni los hechiceros pudieron descubrir de qué mal se trataba; el hijo de Inti se agravaba cada vez más y todos temieron por su vida. Hasta que una tarde, los chasquis que corrían velozmente de una posta a otra, transmitiendo las noticias de pueblo en pueblo, avisaron a los servidores del Inca, que en el sur existía el remedio que podría curarlo. Inmediatamente comenzaron los preparativos para la travesía a lo largo de la cordillera y cuando todo estuvo listo, partieron desde Cuzco, capital del Imperio, en busca del tan preciado remedio.

Una de las cosas que más enorgullecía a los incas, eran los caminos de piedras que se extendían en todo su territorio. Por ellos anduvieron atravesando valles y montañas; cuando llegaba la noche, acampaban alrededor de las, posadas que se levantaban a los lados del camino. Dentro de la posada descansaba el Inca para reponer sus fuerzas.

No se desalentaron en ningún momento a pesar de la dura y larga travesía; una esperanza mucho más fuerte que todo eso, los alentaba e incitaba a seguir adelante. Querían mucho a su monarca y deseaban fervientemente que recuperara la salud lo antes posible.

Continuaron la marcha por muchos días hasta que por fin, encontraron el nacimiento de un río que corría paralelo al camino y siguieron en esa dirección. Las aguas bajaban torrencialmente levantando nubes de finísimas gotas al estrellarse contra las rocas y el ruido de la turbulenta corriente quebraba el silencio de la imponente cordillera. Los peregrinos siguieron su camino hasta llegar a un punto donde el río cambió su curso en una pronunciada curva al este, cerrándoles el paso. Ahí su caudal era mucho más profundo y su torrente hacía imposible el cruce a la otra orilla.

Hicieron un alto y acamparon decididos a buscar un lugar por dónde poder pasar. Fue así que formaron grupos dirigidos por un guía y se turnaron; mientras unos descansaban otros recorrían la zona tratando de encontrar el paso. Desgraciadamente no tuvieron suerte y los grupos volvían cada vez más desalentados de sus expediciones, hasta que por fin se dieron por vencidos.

Entonces formaron un consejo para decidir qué se haría y después de muchas discusiones y cambios de ideas, llegaron a la triste conclusión de que debían volver. Abatidos, pensaron que su monarca agotado por el viaje no podría resistir el regreso y era probable que no volviera a ver a su querido Cuzco.

Se dispusieron a pasar la noche en ese lugar, para iniciar al otro día el retorno. Rodearon al Inca tratando de estar más juntos y unidos que nunca, como para darse entre sí, el valor y la fuerza que necesitaban para volver y como para protegerse de esa gran pena que los estaba invadiendo momento a momento.

Mientras tanto Inti el Sol, que ya se estaba por ocultar en el horizonte, vio lo que estaba ocurriendo. La hazaña que los incas habían sido capaces de realizar por amor a su monarca, no escapó a la vista del dios y quiso premiar el fervor de este grupo abnegado de súbditos. Entonces consultó con Mama Quilla, la luna, y entre los dos decidieron ayudarlos inmediatamente.

Al amanecer del día siguiente, los incas, entre dormidos y despiertos, vieron azorados frente a ellos, un ancho puente tendido que les señalaba el camino. Los dioses lo habían construido para que pudieran pasar. Llenos de alegría reanudaron la marcha con nuevas esperanzas.

Tuvieron mucho que andar todavía y el Inca se agravaba más y más, ya ni siquiera abría los ojos para observar a su gente como lo hacía antes; ninguna palabra volvió a salir de su boca y dormitaba permanentemente. Obligados a hacer muchos altos en el camino porque se fatigaba con facilidad, la marcha se hizo más lenta y penosa, pero no desfallecieron en ningún momento.

Por fin llegaron al lugar indicado; de inmediato se distribuyeron las tareas, mientras unos buscaban las hierbas medicinales, otros construyeron una gran tienda para alojar a su monarca e instalar todo lo necesario para su curación.

No fue en vano todo el extraordinario esfuerzo que dedicaron al Inca; en poco tiempo empezó a mejorar visiblemente para alegría de todos. Felices emprendieron el regreso entre cantos y oraciones de gracias a sus dioses. Los chasquis corrieron velozmente delante de ellos llevando la buena nueva. Todo el pueblo los esperó ansioso y preparó grandes fiestas en su honor. Los templos se vieron resplandecientes, ya listos para ceremonias y ritos de gracias.

El Inca entró en la capital totalmente repuesto; su pueblo lo saludó con cariño y lo acompañó hasta su morada. Poco tiempo después el hijo de Inti volvió a reinar en el Imperio.

Desde entonces al noroeste de la provincia de Mendoza, donde pasa el río Las Cuevas, el mismo que interrumpiera el paso de los peregrinos, se levanta el Puente del Inca uniendo las dos orillas y bajo su arco siguen pasando torrencialmente las aguas del río. Volver

Leyenda de la Laguna de la Niña Encantada: La bella laguna de Malargüe ha sido una inagotable fuente de inspiración para la imaginación popular de la zona. Se aconseja visitar el lugar conociendo o narrando estas historias que le darán un toque misterioso e inolvidable al paseo.
Una leyenda dice que había una hermosísima princesa india llamada Elcha (en lengua aborigen significa Espejo), reconocida en su tribu por su belleza. Esa tribu estaba enfrentada a otra por la cual la bruja tenía simpatía.
Elcha había crecido con un compañero que no era de la nobleza pero a medida que pasaba el tiempo nació entre ellos un sólido amor. Enterada de ello, la bruja de la tribu convenció al padre de detener la actitud de enfrentamiento entre las tribus mediante el casamiento de los príncipes.
La princesa Elcha fue informada la noche anterior Desesperada se lo comunicó a su amado y escaparon velozmente hacia el norte. Minutos más tarde enterados de la huida, ambas tribus partieron en persecución al mando de la bruja.
En un momento los jóvenes entendieron que habían extraviado el camino y siguieron hasta que los detuvo un abrupto corte de la superficie que terminaba en la laguna. Miraron hacia atrás y la luz de los relámpagos iluminó a sus perseguidores, que estaban muy cerca. Elcha y el joven no lo pensaron y decidieron arrojarse al agua. La primera en llegar y asomarse a la laguna fue la bruja, en el instante en que lo hizo, un poderoso rayo se descargo sobre ella dejándola petrificada. El resto de los perseguidores también se acercaron temerosos y vieron reflejada en la superficie, cual espejo la imagen de Elcha. Desde entonces hasta hoy, tanto la bruja petrificada como la imagen de Elcha se pueden distinguir y es por eso que los lugareños bautizaron así la laguna.
Existe otra versión de la leyenda. Trata de dos tribus cuyos caciques eran enemigos. La hija de uno de los jefes se enamoró de un indio de la otra tribu, por lo que ambos fueron separados. Al ver su amor frustrado, la india lloraba desconsoladamente en la laguna hasta que se convirtió en piedra.
También se cuenta otra historia relacionada con sirenas. Dicen que al aproximarse a la laguna se oía el canto de mujeres rubias que estaban encantadas. Ellas eran mitad mujer, mitad pez. Estas sirenas, al escuchar los más leves sonidos de personas, se arrojaban al agua y desaparecían. Pero a una de estas criaturas, muy linda y orgullosa, Dios la castigó convirtiéndola en piedra, a orilla de la laguna.
Además, hay una narración de origen criollo. Se solía contar que a este espejo de agua se lo denominaba “Laguna de las siete apuestas” ya que un chileno pícaro y jugador vendió su alma al diablo, por siete bolsitas con pepitas de oro. El pacto debía efectuarse de noche, a orillas de la laguna, por lo que reunidos allí el diablo y el chileno, convinieron realizar siete apuestas. Las seis primeras las ganó el chileno, porque así lo quiso el diablo. Pero la séptima, en la que se jugaba el alma, el cuerpo y el oro, el chileno astuto hizo que el demonio se distrajera y mientras miraba el agua de la laguna, extrajo una daga. Invocando el nombre de Jesús le enseño la cruz de la empuñadura y como por encanto, el diablo desapareció. El sagaz hombre se quedó con todo.Volver

La Ciudad de los Césares: Esta Ciudad es una ciudad encantada en la cordillera de los Andes, a la orilla de un lago. El día de Viernes Santo se puede ver, desde lejos, como brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, que son de oro y plata macizos..."

Esta leyenda surgió en el siglo XVI, durante la conquista española, y describía un paradisíaco paraje donde se asentaba una ciudad fantástica, repleta de metales preciosos. Sus habitantes poseían grandes riquezas, y las tierras regidas por esta ciudad eran excelentes para la explotación agrícola y ganadera. La también llamada Ciudad errante era una ciudad de plana cuadrada, de piedra labrada y edificios techados con tejas que refulgían bajo el sol. Sus templos , e incluso el pavimento eran de oro macizo. Algunas versiones la ubicaban en un claro del bosque, otras en una península, y algunas incluso dicen que estaba en el medio de un gran lago y contaba con un puente levadizo como único acceso. Abundaban en ella el oro y la plata, de la cual estaban forradas las paredes. Con estos metales también se hacían asientos, cuchillos y rejas de arado. Tenía campanas y artillería, las cuales se escuchaban de lejos. Algunos dicen que al lado de ella hay dos cerros, uno de diamante y el otro de oro. Los historiadores ven en esta leyenda un intento de la corona española por impulsar la colonización de las tierras del sur de América, que si bien eran importantes en términos estratégicos, eran muy peligrosas y no resultaban tan atractivas a los ojos de los conquistadores como los territorios del Perú.

La Ciudad de los Césares llegó a convertirse en un verdadero mito de la conquista, al igual que El Dorado o la leyenda de las Amazonas. Existen numerosas descripciones de este lugar, y no faltaban los testigos que declaraban bajo juramento las maravillas que de ella habían presenciado. En una antigua crónica española se puede leer lo siguiente: "Tenía murallas con fosos, revellines y una sola entrada protegida por un puente levadizo y artillería. Sus edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien techados al modo de España. Nada igualaba la magnificencia de sus templos, cubiertos de plata maciza, y de ese mismo metal eran las ollas, cuchillos, y hasta las rejas de arado. Para formarse una idea de sus riquezas, basta saber que los habitantes se sentaban en sus casas en asientos de oro. Eran blancos, rubios, con ojos azules y barba cerrada. Hablaban un idioma ininteligible a los Españoles y a los Indios; pero las marcas de que se servían para herrar su ganado eran como las de España, sus rodeos considerables".

Los nombres que recibió esta comarca son variados: "Ciudad Encantada", "En-Lil", "Lin Lin", "lo de César"' o "Los Césares". "La Ciudad de los Césares" fue el que prevaleció, Como diversa es también la posible ubicación de ésta ciudad ya que muchas versiones indican que se encontraría en la Patagonia como así mismo lugareños de Malargue sostienen haberla visto en los atardeceres. Volver

Leyenda del Pozo de las Ánimas: El pozo de las Ánimas está rodeado por serranías donde, al golpear, el viento produce una especie de silbido que da origen a distintas leyendas transmitidas por los viejos pobladores, con toda su carga de misterio y superstición.

El pozo era denominado por los indios Trolope-Co (agua de los muertos o agua del gritadero de las ánimas), y la tradición cuenta que es el lugar donde van a rezar y llorar las almas que andan en pena por las montañas.

Como era común entre los pueblos que habitaban de uno y otro lado de la Cordillera de los Andes, se había producido una diferencia en las relaciones y un grupo del lado chileno, gente de costumbres aguerridas, estaban persiguiendo a un reducido número de pobladores de la zona de los Molles. La noche fue extendiendo su manto y ya en plena oscuridad los perseguidos advirtieron que no se oían mas los gritos de sus enemigos, luego de tomar recaudos, por si se trataba de una treta de sus rivales, retornaron hasta sus moradas, dando algunos rodeos. Al día siguiente, con las primeras luces, volvieron al lugar hasta donde había finalizado la persecución y retomaron sobre sus pasos del día anterior, a poco de andar comenzaron a oír algunos sonidos de lamentos que les llamó la atención. Con cautela continuaron avanzando y con gran sorpresa se encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores, en el fondo se encontraba los cuerpos comenzaron a oír algunos sonidos de lamentos que les llamó la atención. Con cautela continuaron avanzando y con gran sorpresa se encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores, en el fondo se encontraba los cuerpos moribundos de sus enemigos y los gemidos que surgían de las profundidades asustaron a los observadores, quienes desde ese momento veneraron la formación que los había salvado dándole el nombre de "lugar en que lloran las ánimas".

Esta formación geológica, técnicamente denominado "Dolina", es originada por la transformación de los depósitos subterráneos de yeso que, por efecto de las filtraciones y napas freáticas forman enormes cavernas debajo de la superficie. Con el tiempo los terrenos se van hundiendo lentamente, originando un constante crecimiento de los característicos conos. Volver

El Cañón del Atuel: En el sur de la actual provincia de Mendoza vivía la tribu del cacique Talú. El padre de Talú murió cuando este era aún muy joven, pero a pesar de su corta edad supo asumir su rol y gobernar a su pueblo con sabiduría.

La vida de la tribu era pacífica y feliz, pero una gran sequía comenzó a azotar la región. Los ancianos y los niños más pequeños fueron los más afectados por la falta de agua, y pronto se dieron las primeras muertes. Sin dudar un instante, Talú reunió a sus hombres y partió con ellos en busca de agua para su pueblo.

En varias ocasiones recorrieron territorios por los que nunca antes habían transitado, pero sólo encontraron tierra reseca y cuarteada por el sol abrasador. Durante una de estas expediciones Talú conoció a una bella muchacha que vivía sola en un valle. El joven cacique habló con ella y decidió llevarla a vivir con su pueblo, al que ella no tardó en integrarse. Un profundo cariño nació entre ambos, y ella le confesó que su nombre era Clara, era huérfana, y había vivido sola en el valle durante años. Luego de varios meses decidieron casarse, y poco tiempo después nacía un bello niño al que llamaron Atuel.

Pese a la profunda alegría que les provocaba el nacimiento de Atuel, los miembros de la tribu no festejaron porque la prolongada sequía ya se había cobrado la vida de numerosos niños y ancianos. Los hombres blancos no tardaron en enterarse de la desesperante situación, y decidieron atacar para tomar control de los territorios. Los combates fueron feroces, pero los debilitados indios finalmente fueron vencidos, y todos los hombres de la tribu, incluido Talú, fueron asesinados. En medio de la confusión, Clara pudo esconderse con su hijo recién nacido, y cuando los hombres blancos finalmente abandonaron el lugar, sólo dejaron viudas, huérfanos y algunos hombres agonizantes.

Clara tomó entre sus brazos al pequeño Atuel y se encaminó hacia las altas montañas, allí donde cae el sol. Ascendió hasta una de las cumbres y rogó a los dioses que enviasen agua para que los sobrevivientes de la tribu pudiesen salvarse. Pasaba el tiempo y nada ocurría, así que Clara decidió ofrendar su vida y la de su hijo a los dioses. Al momento de morir, cada uno dejó caer una lágrima, y de ellas brotó un caudaloso río que se abrió paso por la tierra reseca hasta llegar a la aldea.

Las mujeres dieron de beber a los niños y, luego de mucho tiempo, volvieron a oírse risas en la aldea. Las más ancianas buscaron a Clara y su hijo, pero al no encontrarlos comprendieron que ellos eran los causante s de aquel milagro.

El río trajo nuevamente la vida al lugar, y por las noches su corriente arrullaba a la aldea con un sonido especial, parecido al llanto de un niño. Todos comprendieron que esas aguas conservaban el espíritu de Atuel, y así decidieron dar al río el nombre del pequeño heredero. Volver

Leyenda del Aconcagua: El Aconcagua, para el primitivo habitante era el dueño y señor de todas las causas y de los secretos biológicos. Vivían en la zona una raza de gigantes muy ambiciosos. En una época en donde todos tenían sed y triunfaba la arena y la piedra los gigantes concibieron la idea de robarle al viejo titán un granito de su más preciado tesoro: el agua.
A espaldas del dios de las cumbres, el pueblo de gigantes, escaló sus laderas y liberó las aguas hacia las planicies. Cuando el Aconcagua despertó brillaba a sus pies, en la luz rosada del amanecer, mil arroyos de plata.
El colosos, furioso, hizo reventar el receptáculo entero de su caudal el cual, con espantoso rugido, se derrumbó abnegando los valles y llamadas.

El tiempo pasó y las corrientes de agua se encauzaron. Las tierras se fertilizaron pero el Aconcagua guarda aún su rencor y decide vengarse períodicamente lanzando de sus laderasturviones que bajan a devastar sembrados y caserios a través del río de los Patos Potu en huarpe. (leyenda huarpe) Volver

Isidris: Se encuentra situado a 32º 47' Latitud Sur y 69º 02' Longitud Oeste. Se le denomina la "Piedra de Isidris", y está enclavada en el cañadón llamado "Quebrada del Durazno"en una zona aledaña al Cerro Arco. La zona fue por mucho tiempo estudiada por YPF ya que se detectó en la misma un importante vacuoide natural a unos treinta kilómetros de profundidad.. (ver mapa satelital de la ubicación de Isidris) Se dice que en la zona, los acampantes nocturnos pueden ver muy a menudo, fenómenos extraordinarios, como luces zigzagueantes, y algunos se han atrevido a hablar sobre encuentro con entidades remanentes "kósmicas siderales" (ERKS). A raíz de la divulgación de éstos fenómenos, poco comprobable, han surgido varias versiones sobre el enimgmático lugar. La más popular de ellas es que Isidris es el nombre de una ciudad intraterrena que ahora se ha revelado al mundo en forma masiva. Sostienen que muchos habitantes del planeta ya han recibido bastante información sobre ella, su ubicación exacta, extensión, etc.. Muy pocas conocían su nombre original, la llamaban genéricamente por su belleza y esplendor con el seudónimo de "Ciudad Dorada".
Grupos seguidores de la filosofia New Age como Red Argentina de Luz (RAL) o Red Iberoamericana de Luz (RIL) sostienen que el nombre de Isidris posee características "especiales":Cada una de ellas encarna una gran Entidad cósmica. Siete letras que encarnan siete rayos. Los siete rayos se dividen en tres de Aspecto y cuatro de Atributo. Rayo de Voluntad o Poder; Rayo de Amor-Sabiduría; Rayo de Actividad o daptabilidad e Inteligencia activa;. Rayo de Armonía, Belleza, Arte o Exactitud; Rayo de Conocimiento Concreto o Ciencia.; Rayo de Idealismo Abstracto o Devoción; Rayo de Magia Ceremonial

Isidris es considerado un megaportal de luz eterea (Alkahest). Los Portales, son especies de cilindros de energía de "luz-informacion" que logran conexiones multidimensionales, y son co-creados entre los humanos y las "Jerarquías estelares de luz".

Se dice que Isidris abre su megaportal cada cierto tiempo, la última vez fue en setiembre del 2002, los próximos serían durante los años 2.004, 2.007 y 2.012. Isidris fue revelado el 27 de febrero de 1987, los seguidores de ésta corriente asegura que no es desde esa fecha que Isisdris está revelada sino desde muchos años antes ya estaban preparando la zona "Seres Superiores" para ese momento.

Según "Kervher" un "Ser de Luz", cuyo verdadero nombre es Verónica R. Lizana, y vive en el departamento de Las Heras del Gran Mendoza, "ésta ciudad alberga no solamente a seres extraterrestres de la Confederación sino a aquellos humanos del Planeta que por su evolución han logrado la Llave de Acceso que les permitió poder habitarla".

Kervher sostiene que está contactada por un Ser llamado "Nhemmok", Comandante que pertenece a la Confraternidad Intergaláctica, y que éste ser le ha revelado la ciudad. El ingresos a la ciudad pueden ser por motivos de "Visitas", por algún tipo de aprendizaje o por curaciones. Ella afirma que Isidris, está custodiado por dos querubines que la protegen y el nombre de "Ciudad Dorada" es en referencia a su belleza y esplendor. La Tonalidad dorada deviene de la construcción de los techos de su edificación, ya que los mismos son de oro, formando con elllos una cúpula intensamente luminosa. Esta cúpula tiene dos funciones: la de protección y la de conservar y mantener el microclima a una temperatura de veintidos grados permanente

La edificación cuenta con un santuario, que es la edificación más relevante de toda la ciudad junto con el Centro aéreo espacial para las entradas y salidas de las naves intergalácticas. También hay manantiales de agua termales diamantinas y gigantescos laboratorios y consultorios para curaciones energéticas. (del libro de Verónica Lizana "Kervher"):.

A parte de Kervher existen otros "seres de Luz" que sostienen éstas torías, ellos afirman que "Comandante Adoniesis" (Adoniesis es el nombre que corresponde a Adonai, supesto ser extraterrestre, mensajero del cielo, que estaría comunicado frecuentemente con algunos seres de luz terrestre, "Canalizado" por Ramathis-Mam y Sheila), ha afirmado en su mensaje 4.4.4. que hay que establecerse en las inmediaciones de Isidris durante los próximos años. Volver

Leyenda de Cacheuta: Un chasqui llegó, a las tierras de cacheuta, el poderoso cacique suyos dominios comprendían el valle de Mendoza y los alrededores.
Ante el gran curaca, el emisario refirió los acontecimientos ocurridos: la pérdida de la libertad de Atahualpa, el gran señor inca, descendiente del lnti, que, hecho prisionero esperaba ansioso el día de su liberación.
Explicó al asombrado cacique la razón de su envío: llegaba a pedir su colaboración en el rescate del soberano prisionero. La fidelidad de Cacheuta no escatimó esfuerzos para cumplir con el mayor caudal a la salvación del señor de todos los quechuas. Convocó a sus vasallos, les exigió su cooperación y muy poco tiempo después un hato de llamas cargadas con petacas de cuero repletas de objetos de oro y plata estaban listas para emprender el viaje hacia el norte.
El mismo cacique, al frente de un grupo de fieles vasallos, entre los que se contaban altos jefes guerreros, seria el encargado de comunicarlas. Partió la expedición. Las llamas, con sus pasitos menudos, acompañados del movimiento del cuello y la cabeza, marchaban llevando en el lomo la valiosa carga que iba a servir para dar libertad al soberano de los quechuas.
Llegaron a las primeras estribaciones del macizo andino. Se internaron por los angostos vericuetos de la montaña y marcharon sin descanso en su afán de llegar cuanto antes a destino. Cerca de un recodo de la montaña distinguieron, a lo lejos, un grupo de gente armada que de inmediato reconocieron como enemigos.
Previendo una traición, los indígenas se pusieron en guardia, y como primera medida decidieron esconder la valiosa carga en el más seguro lugar de la montaña. Grandes conocedores del terreno, nada les fue más fácil y muy pronto su tarea quedó terminada.
Los adversarios, al notar que habían hecho un alto en el camino y les era imposible detenerlos al pasar donde se hallaban apostados, decidieron salirles al encuentro. Llegaron cuando Cacheuta y sus vasallos se aprestaban a hacer frente al ataque. El choque fue sangriento. Silbaban las flechas indígenas, haciendo víctima en uno y otro bando.
La lucha fue desigual, pero encarnizada. Los indígenas, que supieron defenderse con valor, finalmente cayeron vencidos. Los contrarios, ya dueños de la situación, se lanzaron en busca de su objetivo, para lo cual trataron de arrancar su secreto a la montaña.
Al llegar el lugar donde fue depositado el tesoro y cuando ya se creían dueños de él, chorros de agua hirviendo surgieron de entre las piedras, envolviéndolos. Hallaron la muerte allí donde fueron a buscar riquezas.
Fue, según la leyenda, el espíritu de Cacheuta quien hizo brotar el agua que terminó con los que no le permitieron llegar a destino y cumplir la misión que como súbditos fieles se habían impuesto.
Desde entonces esas aguas, originada en un sólo principio de solidaridad humana, llevan en si toda la bondad propia de tan alto propósito y se brindan a los que acuden a ellas en busca de alivio para sus males. Volver

Cerro Tunduqueral: Conocido también como "Apus Tundunqueral", Se encuentra ubicado a siete kilómetros del paraje de Uspallata, para un grupo de aborígenes incaicos fue un lugar sagrado, donde en noches de luna llena las mujeres se reunían para celebrar rituales femeninos. Esta actividad quedó plasmada en pinturas rupestres o petroglifos y se encuentran en el más sureño de tres picos piramidales que se alinean en un eje norte-sur. En este lugar se puede encontrar una variedad de Jarilla no común en otros sitios de la región ya que sus hojas se orientan siempre de norte-sur y con la cara de las hojas mirando al este. Éste sector ahora está protegido por el Cricyt, la Municipalidad de Las Heras y la Dirección de Patrimonio de la provincia. El guía del lugar, un bombero voluntario llamado Víctor, cuenta que los indios hurpes llegaban hasta allí para cargarse de energía, (esta versión puede no ser tan cierta ya que los huarpes jamás habitaron por éstos parajes). Volver

 
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